Vivir para siempre
- regulogonzalez1

- 19 feb 2025
- 3 Min. de lectura

Mucho tiene que no escribo, sin embargo me da gusto poder volver a expresarme a través de algo que me apasiona como la escritura.
Hoy dejo esta entrada solo como un recordatorio a mi yo del futuro sobre esta anécdota que empezaré a relatar.
Primero, un pequeño preámbulo. Soy padre de la niña más hermosa, inteligente, ocurrente, amorosa y bueno, entienden que para cada padre sus hijos serán lo máximo. He tratado de llevar una paternidad consciente, responsable, amorosa y sobretodo llena de respuestas a las preguntas que me hace mi hija.
Ella se encuentra en la edad del "¿Por qué?", y cada vez que tiene alguna duda sobre algo no tarda nada en hacer la mágica pregunta que lleva a muchas explicaciones hasta que se queda conforme con la explicación y su mente lo comprende (a su forma, por supuesto). Normalmente eso sucede después de 4 o 5 "porqués" (o hasta que papá no sabe qué responder 😅)
El caso es que el otro día estábamos platicando. Aithana es una niña super curiosa e inteligente, y me preguntó algo de mi abuelito y del papá de mi abuelito. La pregunta fue cómo se llamaban y cómo eran.
Procedí a responder con la información que tengo y siguió la plática de manera normal hasta que ella hizo el siguiente comentario a modo de pregunta: ¿Y yo cómo voy a ser de viejita papá?
Recordé que en una aplicación alguna vez vi cómo podría ser mi hija en la vejez y le dije que sería una señora muy guapa y feliz, pero que ya no la iba a poder ver.
Noté su cara de incertidumbre y duda al escuchar mi respuesta. Su voz sutil y tierna me hizo la pregunta: ¿Y por qué papá?
Yo respondí con naturalidad y de acuerdo a mi fe diciendo que ya no la vería porque llega un punto en que nosotros morimos y volvemos con Dios.
Ella, sin prestarle atención y continuando con el tema de importancia para ella misma, agregó: "Bueno, entonces mis abuelos me van a ver viejita"
Procedí a responderle, en tono un poco chusco por su ocurrencia.
"No mi amor, tus abuelos tampoco podrán verte cuando estés viejita, ellos también van a morir porque son mayores y estarán con Diosito, así como mis abuelitos y y mis bisabuelos."
Pareciera ser que ahí entendió algo sobre la vida y lo interiorizó al grado de cambiar su semblante y dejar de chacotear y jugar. Se acercó a mí, me vio a los ojos con una mirada desconcertada y preocupada y me dijo con una voz triste y muy suave que me llegó a lo más profundo del corazón.
"¿Y entonces quién me va a cuidar papito?"
Me desarmó. Rompió toda la compostura de padre que quise haber tenido. Se me enchinó la piel y solo pude abrazarla y, contrario a lo que siempre procuro sobre explicarle las cosas sin mentirle, para que lo entienda alcancé a decirle: "Yo te voy a cuidar siempre, mi amor. Aunque esté en el cielo, voy a estar siempre al pendiente de ti."
Esta anécdota me genera nostalgia por lo que viene y por la realidad de lo que todos sabemos que pasará: somos finitos en este mundo.
Sin embargo, creo que lo mejor que podremos hacer es reflexionar, interiorizar y actuar al respecto. No hay enseñanza más grande que los padres pueden dar a los hijos que enseñarles a vivirla sin depender de ellos.
La paternidad es un proceso continuo y que va cambiando conforme va pasando el tiempo. Por supuesto que las necesidades de los hijos cambian y el rol que tenemos los padres necesariamente tiene que irse modificando.
Mi nena tiene ahora 3 años, es pequeña para comprender muchas cosas, sin embargo, su inocencia y pureza de corazón me llenó de ganas y motivos para seguir ejerciendo el trabajo más difícil que hasta ahora he tenido: la paternidad.
Amen, cuiden, respeten, preparen y sobretodo disfruten a sus hijos sin importar la etapa en la que se encuentren porque no podemos vivir para siempre.



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